22/4/11

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Fotografía de Víctor Carrillo


Cuando regresé a La Ciudad,
el miedo se había solidificado entre los dientes.
Las pestañas ya no vibraban.
Decir algo, cualquier cosa, resultaba tan insignificante
como colocar la ropa en el lugar adecuado del armario.

No fue el frío ni crecer.

La Ciudad había borrado los lugares
en los que fui a

Perder la capacidad del lenguaje por no perderse.
Salvarse a toda costa, aún regresando a La Ciudad.

Empezaré con la primera letra que me dieron
al nacer. Mi nombre tiene que permanecer
intacto en alguna parte.

9 comentarios:

María Mercromina dijo...

Tu nombre permanece intacto en los resquicios de mi memoria. Siempre.

Leonardo B. dijo...

[de toda a voz, uma sombra que permanece intacta na palavra... na grande forma da palavra]

um abraço, Ana

Leonardo B.

Maria dijo...

Me encanta esa película, pero sobre todo, Eduard Fdz. en ella.
Y me encantas tu, y tu nombre capicúa,
y tu sonrisa, y tus mofletes,
también tu seriedad.

Así que no te preocupes, el olvido no existe.

Anónimo dijo...

Abandoné el título que recibí al nacer. Así pude adueñarme, una a una, de la letras del abecedario.

mileto dijo...

Francamente sorprendido por su talento.

Miguel Sánchez Ibáñez dijo...

A veces, hay ciudades rectas que nos encajonan los latidos, como intentando recordarnos la levedad de nuestro papel de transeúntes más o menos resultones. Pero siempre nos queda la certeza de las palabras, supongo.

anuar bolaños dijo...

Se esconde la flor
cambia de nombre
siempre esquiva
y por tanto,
despiadada.

¿Quién entrenó a la doncella
para que no se dejara ver las espinas?

Ella actualiza mi agonía,
le hace ajustes,
labra mi rostro con versiones de la sombra,
atasca la brújula.

Andressa dijo...

Beautiful blog, I'm following.

nubesbajas dijo...

acabo de llegar(te)
y
ya no me voy.

abrazzzo,
G.