18/9/12

7.00 pm

Fotografía de Víctor Carrillo

Cuando la luz de las 7 de la tarde al otro lado de la ventanilla,
cabría pensar que la vida no es tan terrible.
Que aún queda leer y las fotos,
pasear con la vista puesta en la parte alta de los edificios
o imaginar historias de otros en un balcón abierto.
Pero irremediablemente acontece un echar de menos
el abrazo de mamá y esconder la nariz
en la camiseta de Él.
Porque Ella sabe que llegará a casa de noche,
que en la otra ciudad hará frío,
que el metro tardará más de lo que debiera...
Y luego el desierto y el trabajo.
Que la habitación se llene de silencio
y después el aire en la faringe y el estómago.

Y no saber que existen las 7.00 pm
ni mamá ni Él.
Ni Ella.

Que tan solo los nervios entre los dientes
y quizás (acaso) una llamada inoportuna
                    -pero inesperada-
y una habitación que explota
                    -sin motivo aparente-.

Son tan terribles las 7.00 pm que
si no existieran
Ella olvidaría cómo mirar.



4 comentarios:

Leonardo B. dijo...


[fragmentos do dia, espalhados

na palavra, frágil luz da tinta
que não se apaga.]

um abraço,

Leonardo B.

María Mercromina dijo...

Anónimo es Mercro escondida en una biblioteca

María Mercromina dijo...

Jo es que va fatal internet, en un comentario que no se ha publicado te ponía que quedan 33 minutos para mis 7:00 pm

muá

Berta Ruiz dijo...

Grande